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sábado, 23 de abril de 2016

El Guardián de la Tierra (III)

  
¡Hola, mis pequeños cronistas!
Ahora que ya se ha terminado la temporada de ponerme al día, vuelve...¡El Guardián de la Tierra! De esta historia solo había publicado hasta el momento la parte I y II (os dejo los links para que os pongáis al día) y por fin podemos continuar. ¡Espero que lo disfrutéis! 



    No tenía ni idea de como había llegado a esa situación.
  En que momento se le había pasado por la cabeza que ayudar a unos indefensos viajeros era buena idea. Maldecía a Avalon y a todas las buenas costumbres que le había inculcado con los años. Tenía que haberse ido cuando tuvo ocasión, no era su culpa que aquellas personas fueran tan persistentes en mostrar su gratitud.
   Primero, las mujeres lo habían casi empujado a una gran tina de madera que llenaron con agua caliente. Allí le hicieron lavarse hasta que toda la tierra y la mugre que había cogido en los caminos tiñó el agua. También le cortaron el pelo y le afeitaron su barba incipiente. Se sintió como un niño pequeño al que su madre le obligaba a darse el baño de los domingos. Después le proporcionaron ropa. Unos pantalones negros y una camisa blanca nuevos, además de que le dieron lustre a sus desgastadas botas y le habían cosido los múltiples agujeros de su capa azul marino. Su generosidad no tenía límites.
Cuando lo vieron limpio y adecentado, lo sentaron junto al fuego donde una olla estaba hirviendo y de la que salía un rico olor a estofado que hizo que sus tripas gruñeran de hambre. Con la excusa de que ya se estaba haciendo de noche lo invitaron a pasarla con ellos y ya no se pudo negar.

  Y así es como se encontró a si mismo sentado entre los hombres de la caravana, aseado y con una jarra de cerveza de barril en la mano mientras esperaban a la cena. Lucio solo atinó a suspirar.
   No es que le disgustara la compañía de otros humanos, solo se sentía extraño, como si desentonara entre todos ellos. Antes era distinto. El ir acompañado de su amigo le daba seguridad y confianza cuando estaba rodeado de otras personas. Le daba la sensación de que no era tan juzgado porque si alguien como Avalon estaba a su lado era porque algo bueno tenía que ofrecer. Sin él a su lado no sabía que hacer. Era demasiado humano para estar con los suyos, pero demasiado extraño para estar con los humanos.
   Lucio esbozó una sonrisa cansada al pensar en su suerte. Tenía que haber aprendido a decir que no cuando tuvo ocasión, o al menos, aprender del don de gentes de su amigo le habría sido muy útil. Pero ya era tarde para lamentarse. Dioses, si que lo echaba de menos.
   Hizo el amago de beber de la jarra, pero paró a medio camino y observó el contenido. El alcohol no era la solución. Ya había bebido suficiente todo aquel tiempo para buscar una salida fácil, pero no podía seguir haciéndose eso. Dejó la jarra en el suelo negando con suavidad pero sin poder contener la sonrisa irónica. Odiaba cuando Samus tenía razón en algo, como ahora mismo. Si Avalon lo viera así no le habría gustado nada. No quería manchar la buena imagen que su amigo tenía de él, a pesar de que no estaba. Alzó la vista al cielo iluminado de estrellas.
   No recordaba la última vez que se había deleitado con el espectáculo celeste que creaban los Dioses todas las noches. Había estado tan centrado en su pena que ya ni se fijaba en los pequeños placeres de la existencia. Cerró los ojos y respiró hondo, dejando que el aire frío de la noche le relajara el cuerpo. Se sentía bien; o lo más cercano que podía sentirse con la culpa que arrastraba. Eso era algo que aun tardaría en irse, al igual que las ganas de seguir adelante tardarían en volver. Haría lo que fuera por volver a hablar con Avalon una vez más. Hasta renunciaría a...

   – ¿Qué opina de eso, Lucio?

   Aquella pregunta le sacó de su mundo como un vaso de agua congelada. Lucio volvió la vista al grupo que lo rodeaba. Decenas de ojos lo observaban con atención esperando a que hablara. Sonrió nervioso en un ridículo intento de excusarse. Se había perdido en el hilo de sus pensamientos olvidándose de que estaba acompañado.

   – Lo siento, Bohem – se disculpó ante el guía–. No le escuché bien ¿Qué me decía?
  – Comentábamos el mal estado de los caminos a pesar de que la guerra ya ha terminado hace cinco meses – repitió con paciencia.
  – ¿Ya ha pasado tanto tiempo? – preguntó Lucio, sorprendido.

   Todos le miraron con incredulidad. Tenía que haber estado debajo de una roca para no saber cuando tiempo llevaban en relativa paz. Eso o estar vagando por el reino como alma en pena. Lucio desvió la mirada algo incómodo por su desinformación consiguiendo que algunos mechones de pelo le taparan la cara. Respiró hondo y se hizo rápidamente su habitual coleta baja mientras pensaba como solucionar su metedura de pata.

  – Ustedes parecen personas que han frecuentado los caminos principales durante estos últimos meses – comenzó carraspeando ligeramente –. ¿Les ha llegado alguna noticia de la capital? Lo último que supe era que estaban cortando nobles cabezas – su pequeño chiste se ganó unas pequeñas risas de sus acompañantes. Se había salvado.
  – Hemos hablado con muchos caminantes que venían de allí. Se dice que es como una ciudad fantasma, arrasada por el fuego y las revueltas – dijo Bohem sin apartar la vista del fuego –. Los caminos reales están repletos de asaltantes y las guerrillas se suceden entre los pocos soldados que se atreven a llevar el estandarte del rey y los diversos pueblos de Eon – suspiró.
  – Menuda paz estamos viviendo – se lamentó una de las mujeres mientras le daba vueltas al estofado.
  – ¿Y que hacen en un camino secundario con una caravana tan llamativa y sin mercenarios? – preguntó Lucio con curiosidad.
  – Huir – dijo uno de los hombres al lado de Bohem –. Eon ya no es un lugar seguro, debemos rehacer nuestra vida en otro sitio.
  – Nos dirigimos a Shin-tekiná donde todo este caos no nos alcanzará – asintió Bohem.

   Lucio conocía el imperio. Hacía frontera con el reino de Eon por el este y gozaba de una rica y estricta cultura tradicional, además de que veneraban con fuerza a todos los Dioses del panteón. Lo había visitado en uno de sus viajes con Avalon y le había parecido un lugar muy pacífico y tranquilo. Tal vez era justo lo que necesitaban estas gentes.

  – Pues espero que consigan llegar hasta allí y que puedan llevar la vida que desean – dijo Lucio dando un trago a su cerveza.
  – Esperemos que si – suspiró uno de los hombres –. Eon ya no volverá a ser el mismo. Hemos oído cosas. Revolución, estatutos. Todo es demasiado rápido para nosotros.
  – Pero no por ello malo. Se comenta que buscan un nuevo lugar donde emplazar la capital. Con un consejo representado por el pueblo y con tomas de decisiones por mayoría de votos – comentó un joven adolescente con ilusión en los ojos.

   Lucio conocía bien ese sistema de gobierno. Las primeras culturas del mundo lo habían utilizado para controlar sus ciudades. Claro está que no salió bien. Recordaba algunas reuniones del Senado a las que había asistido de oyente. Todo eran gritos, metáforas absurdas que intentaban dar significado a las plagas y argumentos respaldados con un simple “Es la voluntad de los Dioses”. Ellos también habían terminado en guerra hasta que apareció el primer rey de Eon, Noa, y unificó todas las ciudades en un solo reino monárquico que derivó con el pasar de los años a una monarquía absoluta llevada por un rey perturbado. Si lo que estaba pensando el pueblo era volver a sus orígenes, estaba más que claro que la historia se repetiría.

   – Lo que hagan en Eon a partir de ahora ya no es asunto nuestro – le reprendió el que parecía ser su padre –. Ahora debemos pensar solo en nuestra nueva vida, lejos de esos locos liberales, de las armas y de la guerra.
  – ¿En Shin-tekiná no hay armas de acero? – preguntó una de las muchas niñas que jugueteaban por allí.
  – El emperador Suko no fue tan benévolo como el antiguo rey Velamir con ese tema. En cuando el Guardián del Eon le mostró lo que podía hacer, creó un decreto para que se fundieran todas las armas hechas por los hombres, además de fundar una escuela para enseñar el correcto uso del Eon a todo el que estuviera interesado – dijo Lucio sin pensar.

   Recordaba perfectamente la cara del gobernante cuando le enseñaron el poder del Eon. Se había vuelto loco de júbilo y comenzó a dar ordenes a todos sus consejeros sin perder un instante. Había cogido la idea de Avalon de fundar una academia pero para su pueblo. No era exactamente lo que su amigo había pensado en más de una ocasión, pero no eso le impedía ser feliz por el progreso y la prosperidad que pronto tendría el imperio.

   – Entonces allí solo hay Eonins como usted – dijo el joven adolescente, aun más entusiasmado. 
  – Supongo que podría decirse que si – rió quedo –. Tal vez aun queden algunos rebeldes pero no son tan preocupantes como los de Eon, No deberían tener más problemas con los asaltantes de caminos.
  – Bueno, ya hemos tenido un susto con ellos, pero ahora que nos ha salvado, estamos seguros de que conseguiremos llegar – la mujer del estofado le sonrió agradecida y le pasó un cuenco humeante –. Ha llegado en el momento justo para librarnos de esos bandidos. Como si los Dioses lo hubieran enviado.
   – Si. Casi como un mensajero de los Dioses… – murmuró para si antes de dar cuenta de su plato.

La conversación decayó, siendo sustituida por el ruido de los cubiertos. Todos estaban hambrientos y cansados, hasta el propio Lucio. Puede que su mente no estuviera tranquila pero hasta el cuerpo de un ser inmortal necesita un descanso.

viernes, 22 de abril de 2016

Sigo viva

¡Hey! ¿Qué tal mis pequeños cronistas?

Se que tengo esto un poco abandonado, pero es que estoy metida de cabeza en un proyecto que me ocupa muchísimo tiempo mientras intento superar mi pequeño bloqueo lector.

Como sabéis, mañana es sábado y eso significa relato. Pero no un relato cualquiera...

¡Por fin me puse al día con los retos!

Eso significa que ya puedo volver a publicar El Guardián de la Tierra que se que os gustaba a muchos. (Os dejo ahí el enlace para que recordéis un poco por donde íbamos)

Ahora podré alternar los sábados entre los siguientes retos y los capítulos que queden para terminar el relato. Así que sed pacientes y espero que os guste lo que está por venir.

¡Hasta mañana!

sábado, 16 de abril de 2016

Reto ELDE: Solo un tabernero

¡Hey!

Otro sábado más y otro finde en el que tengo que cumplir con el reto ELDE, aunque, milagro, esta vez es el de Abril...¡dentro del mes de Abril!
Parece que por fin estoy poniéndome al día y que podré publicar otras cosas.
Hoy toca el reto nº17: escribe una entrada de diario de tu personaje favorito. Es algo corto pero creo que se coge bien a quien he escogido.

¡Buen fin de semana!

 Querido diario.
Hoy, como todos los días, me he levantado mucho antes del amanecer para comenzar con las tareas de la posada. Preparé un barril de cerveza, corté las verduras, coloqué las mesas, barrí el suelo, encendí...pero que tontería estoy haciendo.
Esto me pasa por hacerle caso a Bast “Te sentará bien, Reshi, Es como hablar con uno mismo” Precisamente eso es lo que menos necesito.
Bast sigue diciendo que lo del Cronista fue mala idea. Que porque no hablo con él. Se que siente que lo hago a un lado, pero hay cosas que es mejor que no sepa.
Y tu tampoco deberías saberlas, maldito cuaderno de hojas blancas. No pienso llenarte con mis frustraciones, temores e inseguridades. No soy más que un tabernero y mi mayor preocupación es que la sopa me quede salada. Nada de lo que pueda contarte tiene mayor interés que eso.

Las historias y rumores que se cuentan de mi, no son más que fantasías de personas que se aburren y con una imaginación demasiado grande para sus cabezas huecas.

Yo no soy nada, ni nunca lo seré.
Solo un tabernero que cometió muchos errores en su pasado y que cargará toda su vida con ellos.


O al menos, lo poco que me quede de vida.

sábado, 9 de abril de 2016

Reto de Marzo: Tiempo.

¡Buenos días, mis pequeños cronistas!

Hoy es sábado y como no podía ser de otra forma, sigo poniéndome al día con los retos de historias. Hoy toca el reto de Marzo de Eleazar, concretamente el bloque dos: Alguien ha robado a tu personaje. No una pulsera o un iPod, sino algo por lo que merece la pena meterse en problemas: un diario, una canción, un hechizo, una formula...

¡Espero que os guste!

 May suspiró cuando por fin pudo parar de correr.
¿Dónde se habrían metido esos malnacidos? Más importante ¿Cómo la habían seguido hasta allí? Se supone que estaba en una zona segura. Esos bastardos ya no respetaban ni las fronteras. Debía respirar y relajarse si quería pensar con claridad. A todo esto ¿Dónde estaba? Había corrido sin ninguna dirección en concreto y había terminado en medio de un gran barrio residencial, con casas bajas de tejado de pizarra y chimeneas humeantes que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Las más lejanas eran solo borrones en medio de la noche, soldados apostados que defendían los tejados de los hogares ingleses. Al fondo, una torre imponía respeto sobre todos los demás edificios. Alta, puntiaguda, orgullosa, vigilante. El Big Ben en toda su altura se alzaba sobre Londres en aquella tranquila noche.
May saltó a otro tejado.
Era el efecto que tenía esa ciudad. Daba igual cuantas veces la visitara. Época, lugar, tiempo y espacio; Londres conseguía que todos sus problemas se fueran y la invitaba a quedarse una hora, días, semanas, hasta más de una vez se planteó vivir allí para siempre. Aunque claro, el concepto de “siempre” era algo demasiado grande par ella. Sabía que no existía nada eterno. Había visto con sus propios ojos como hasta el más grande imperio que se creía invencible, caía. Grandes metrópolis sepultadas por la subida de las aguas, humanos que jugaban a ser Dios, razas de seres exterminadas por la ambición y ciudades asediadas por guerras que no justificaban toda aquella muerte y destrucción. La vida de May era dura por lo general, pero siempre intentaba buscar el lado bueno de la existencia.

Una vez más, saltó hacía otro tejado y se dejó acariciar por la fría brisa del invierno.
El concepto de eterno no existía en su mente, pero si que existía el ahora y lo procuraba disfrutar cada vez que podía. Pequeños detalles que para el resto de los humanos parecían superfluos, para ella, eran muy preciados. Era verdad que había contemplado desastres inombrables, pero también había visto maravillas que ningún humano podría imaginar. Auroras boreales, la creación de una nueva estrella, hasta la del universo. Había aprendido de culturas que ya no existían, o que nacerían dentro de millones de años, observado en primera persona como se hacían grandes hitos de la historia. Se sentía afortunada por haberlos vivido, y más importante, por haberlos protegido.
Siempre viajando de un lado para otro, casí nunca tenía tiempo para el descanso entre persecuciones y escapar de ellos. Y ahora, que por fin los había despistado, tal vez podría parar y ver en que época había caído.

Con una soltura casi felina, May saltó un par de tejados más hasta llegar a una gran casa que daba a una modesta plaza adoquinada, donde se podía escuchar los gritos y las risas de los niños rezagados que ignoraban los gritos de sus madres.
May se asomó con curiosidad. Observó con detalle la ropa y la forma de hablar de aquellas personas. Debía de haber caído a finales del XIX, una época bastante tranquila en la ciudad. Había tenido mucha suerte. No habría soportado volver a la Segunda Revolución Industrial. Todo humo y hollín en el aire. Solo de recordarlo se le puso la cara amarga, como si acabara de chupar un limón. De la que se había librado, pero lo sentía por los pequeños que jugueteaban por la plaza. Sus futuros pulmones de adulto iban a sufrir mucho. Aunque claro, ellos aún no lo sabían. Su única preocupación era correr y reír. También ignorar a sus madres que los llamaban, eso era imprescindible.
May se encontró a sí misma sonriendo. No era una de esas sonrisas alegres, no. Era una sonrisa de pérdida, de pensar lo que nunca se tuvo y tal vez se pudo tener. Infancia ¿Qué es eso?. Lo único que recordaba era caos y destrucción. Y no es que fuera muy mayor para no tener recuerdos. Bueno, la verdad es que no recordaba cuantos años tenía. Con tantos saltos temporales, una termina perdiendo su percepción personal del tiempo, también la cordura, aunque ella se había encargado de que eso no pasara.
Inconscientemente se llevó la mano al bolsillo, donde debería estar una fría y pesada esfera dormía. ¿De que le servía tener deseos de una vida normal? Ella era quien era, y pensar en cosas tan mundanas solo conseguiría hacerle daño.
Cerró los ojos y una vez más se dejó acariciar por el viento. Le despeinaba y le golpeaba con su larga melena en la cara. En su mente solo se repetía sus verdades universales apretando cada vez más la esfera de su bolsillo. Un método infalible para no caer en grandes errores y de mantener la cordura.

– Eres May. No tienes familia, no tienes hogar. No tienes tiempo. Ese es el precio que un Viajero tiene que pagar.

Suspiró algo más tranquila, aunque no más feliz, para que mentir. No era una mala vida. Viajaba, veía mundo y universo, pero había una gran pega en su trabajo.

Un chasquido.
De forma automática, todos sus sentidos se pusieron en alerta. Nadie la había visto allí arriba, estaba segura.

Dos chasquidos.
Conocía muy bien ese sonido. Lo escuchaba continuamente en sus pesadillas, y ni se libraba de él aun estando despierta.

Tres chasquidos.
La habían encontrado.

May se llevó la mano a la espalda, sujetando con firmeza la empuñadura de su katana. Sus ojos violeta se movían por rapidez en todas direcciones, intentando vislumbrar un pequeño reflejo de aquellos asquerosos seres que la perseguían.

Silencio.
Sabía que estaban cerca, muy cerca. No podía verlos pero si sentirlos. Esa presión, esa asfixia en el aire, las distorsiones temporales a su paso, la ansiedad del peligro que se cierne sobre ti . Esa sensación que solo aparece cuando sabes que vas a morir.

Desenvainó más rápido de lo que se tarda en parpadear.
Un tajo al aire, donde supuestamente no había nada. Se escuchó un crujido. May se movió hacia un lateral y volvió a envainar su katana de un fluido movimiento. Cuando el acero encajó a la perfección en la vaina, la figura apareció.
Era una mezcla vaporosa de sombras, bruma, humo ceniciento y muchas, demasiadas extremidades que salían de todas partes sin ningún sentido. May observó sin ninguna compasión como ese ser le dedicaba una mirada asustada antes de desaparecer. mientras exhalaba su último grito de agonía. Cuando toda su bruma se disipó, aparecieron los demás.
Rozaban la treintena. Seres de diversas formas y tamaños, mostrando sus dientes afilados como cuchillas en bocas deformes y asimétricas. May esbozó una sonrisa confiada al verse rodeada. Era el mismo baile de siempre. Y esta vez, siempre era un concepto real.
Varios de ellos flotaron a gran velocidad hacía ella, chillando, golpeando al aíre con sus múltiples miembros en una estampida sacada del mísmisimo Infierno. May esperó un segundo y saltó. Todos los seres de sombra chocaron entre ellos, mezclando sus cuerpos neblinosos en una espiral negra y tormentosa. May cayó sin mayor esfuerzo en el tejado siguiente y desenvainó con fluidez, a tiempo de parar el ataque de otro de aquellos monstruos.

Estocadas, choques, bloqueos y relámpagos de energía se sucedían en una danza peligrosa y a gran rapidez. May se movía casí como una bailarina entre ellos, esquivándolos y partíendolos por la mitad con un simple tajo de su katana. Ellos intentaban morderla, adherirse a su piel para poseerla y destruir cualquier signo de identidad que pudiera tener. Al menos no se lo pondría fácil.
Dio una voltereta hacía atrás justo a tiempo para esquivar al último de los seres de niebla y ya en el aire le rebanó de un tajo vertical que lo dejó en dos cachos de humo desvaneciéndose. Había sido fácil, o eso pensaba.
Un movimiento a su espalda la volvió a poner en alerta. Los monstruos que habían chocado entre si, habían continuado moviéndose hasta crear un gigante humeante. Un coloso con infinidad de extremidades, ojos y bocas, cada una con una ristra de cientos de dientes afilados; babeantes y lamentándose a grandes gritos. La masa brumosa se movía lenta, pesada,como si no se pusiera de acuerdo entre tantas conciencias juntos.
May tragó pesado y empuñó la katana con fuerza.
Estaba en una zona residencial, un par de espectro no causaban mayor problema pero eso, porque no había otro nombre, podría crear el caos.
Sin esperar ni un segundo, se lanzó a la carrera a por él con su arma preparada. Con una agilidad sobrehumana y saltos, comenzó a escalar de extremidad en extremidad, podándolas y lanzándo tajos a la masa de sombra. Las manos se peleaban por atraparla a medida que escalaba sobre el ser y más de una boca intentaba cerrarse sobre ella. En más de una ocasión casí lo consiguen, aunque solo le hicieron unos rasguños profundos con aquellos dientes salientes como puas.
May resoplaba cansada, aquel bicho no daba señales de debilidad. Hasta parecía divertirse con el juego de “caza tu comida” que habían comenzado. Y eso la enfurecía. No había luchado contra miles como ese como para caer ahora sin oponer resistencia. Los cortes le escocían y la sangre hacía que la ropa se le pegara el cuerpo.
En un momento de distracción, una mano la sujetó por el tobillo sosteniéndola boca-abajo en el aire. May se desorientó por un momento y miró con fiereza a su contrincante que se reía con sus múltiples bocas babosas. De un tajó consiguió podar esa mano y se enderezó, lista para caer dentro de la boca que se abría a sus pies. Entró con la katana preparada, rasgando cada tejido brumoso que estaba al alcance de su filo. Era asfixiante, tenebroso, frío y estrecho, como quedarse encerrado en una cueva donde sabes que miles de ojos te están observando. Como caer sin freno hacía el Averno.
Cuando sus pies tocaron suelo, solo había oscuridad. Luego, la pared se partió a la mitad y entraron las estrellas.
El coloso de sombra cayó sobre los tejados como una niebla difuminada que huyó con la brisa nocturna. El peligro se había ido y por fortuna, nadie había salido herido. Bueno, solo una persona.
May sintió el tirón de la piel al intentar separar su camiseta de las heridas. Debía volver al Centro para que le vieran aquello. Los seres de sombra solían tener veneno en sus fauces, esperaba que este no hubiera sido uno de ellos. Resopló cansada y se apartó un mechón pegajoso de la cara. Sería mejor que se preparara para el viaje.
Intentó enderezarse lo mejor que pudo, aguantándose el dolor a base de gruñidos y resoplidos. Guardó la katana en su funda con un suave siseo y sonrió. Siempre perfecta. Era su mejor amiga. La mejor compañera que un Viajero podría desear.
Cojeó un poco hasta donde el monstruo había desaparecido. La niebla oscura se había ido y en el tejado brillaba ahora una espera de oro muy brillante. May se agachó a recogerla y acarició su fría superficie para sacarle los restos de polvo. Por fin había recuperado su billete para volver a casa.
El curioso reloj estaba decorado con filigranas que no parecían tener fin y con una tapa de cristal que permitía ver la esfera de su interior, donde una agujas y un montón de pequeños engranajes se movían como en el eterno tic tac del tiempo. May abrió la tapa y echó un último vistazo a Londres. Tal vez algún día, o en algún tiempo, podría volver.

– Hora de volver a casa – musitó.

Presionó el pequeño botón dorado junto a la rueda de darle cuerda y desapareció en un haz de luz azul cegador, sumergiéndose una vez más en las aguas del tiempo, rumbo a nuevos tiempos, nuevas eras y nuevos universos.




martes, 5 de abril de 2016

Andrea contra pronóstico de Alba Lago

 No somos pocos los jóvenes que tras terminar la carrera, nos encontramos de cara con la pared que es el mundo laboral. O más bien, la falta de él. Chicos y chicas de entre los 20 que tiene solo dos posibilidades en su cabeza: ¿Estudio más o me voy?
Puedes continuar formándote, ser uno de los mejores en tu campo y recibir más de una vez la respuesta de “estás demasiado cualificado para este puesto” o puedes intentar emigrar hacía Londres, por poner un ejemplo, comenzar una gran aventura y trabajar en un Starbuck. ¡Hey! Pero en la maravillosa ciudad londinense.
¿Soy demasiado pesimista? Eso es porque no sabéis lo que le pasó a Andrea.

Título: Andrea contra pronóstico.
Autora: Alba Lago
Editorial: Suma de Letras.
Páginas: 410

Andrea es una más de los estudiantes que tras terminar su carrera en Ciencias Físicas y un master, se encontró sin trabajo y obligada a huir a Londres con el nivel de inglés de un español medio. Sin casa, sin trabajo pero con la firme determinación de que hacía lo correcto; deja Vigo y su querida Galicia para embarcarse en la aventura de su vida. O tal vez la pesadilla.
La frustración y la depresión de lo que es la realidad se entremezclan con la pasión y la ilusión de una ciudad nueva, con amigas y tal vez un nuevo amor. Pero ante todo, lo que no debe olvidar, es que Andrea, contra pronóstico, se ha convertido en una emigrante como años atrás lo había sido su abuelo.

Ya de primeras, debo deciros que este libro os va a sorprender. Y va muy en serio.
No es un cuento de edad, no es una historia con un final feliz donde Andrea conseguirá el verdadero amor, el trabajo de sus sueños y se volverá super rica en la ciudad con el nivel de vida más caro de Europa. No os equivoquéis.
En esta novela vais a ver la realidad desde los ojos de una más como nosotros. De una chica que quiere comerse el mundo y que no para de darse cabezazos contra la pared que ha creado el gobierno de un país donde los jóvenes no tenemos futuro. Porque pensaréis “Estudió Ciencias Físicas, haber estudiado algo útil” ¿Cómo magisterio para pasarse la vida esperando unas oposiciones que nunca llegan? ¿Ingeniería para quedarse en el paro? ¿Medicina para luchar por una mísera plaza entre miles de candidatos? Todos los trabajos a día de hoy están en crisis. Andrea estudió lo que quiso, lo que le hizo feliz y llega a irse a Londres para buscarse el futuro laboral.

Por lo tanto, cuando seguimos a la protagonista en su travesía por la ciudad londinense nos hacemos un pequeño retrato de lo que nos podría esperar a los demás emigrantes. Porque creedme, lo pasa bastante mal. Precios abusivos, ingleses estúpidos que miran por encima del hombro a los españoles que intentan buscarse la vida, un nivel de inglés que tiene que mejorar por fuerza, fruto del maravilloso sistema de educación español, un café malísimo...¡¿Cómo puede sorbrevivir sin un café decente!? ...Disculpad, es un tema que me toca la fibra.

Y pensaréis ¿Quién se atrevió a escribir sobre un tema tan presente en las nuevas generaciones?
Pues Alba Lago. Muchos la conoceréis por su larga (muy larga) carrera como periodista y presentadora de televisión, como la mujer que casi sustituye a Cristina Pedroche en "Se lo que hicisteis" o como “la chica del tiempo de Tele5”. Ahora, creo que se le va a conocer como la escritora que creo la pequeña guía de supervivencia del joven emigrante. Y no exagero.
Con sus palabras y con Andrea, somos guiados por todo Londres. Calle a calle, de bar en pub y de atracción turística a estación de metro. Un mapa creado letra a letra que construyen la ciudad del Támesis con una exactitud pasmosa, aunque debo añadir que a veces excesiva. Es un trabajo impresionante el que hace la autora para saber exactamente por donde camina Andrea, podríamos coger el libro y seguir sus recorridos con total similitud. Literalmente. Solo que en momento, se hace cansado. Para quien no estuvo jamás en la ciudad, leer cada dos páginas como la protagonista recorre tal o cual calle es un intento de hacer la novela más real, pero se queda en intento. Creo que es un fallo que se suele cometer a la hora de usar lugares que existen en algunas novelas.

Así mismo, está novela contiene un sentimiento que los gallegos entendemos muy bien: morriña.
Explicarle a alguien del resto de España que significa es realmente difícil, pero me encontré con que Alba Lago lo había conseguido. Como Andrea echaba de menos Vigo, los lugares, los recuerdos, como se sentía cada vez que sus pulmones volvían a captar ese olor limpio del monte y el mar. Eso, mis queridos cronistas, es un gallego volviendo a casa.
Además, y esto es algo que le toca muy de cerca a cualquier gallego, es el tema de la emigración.
Miles de gallegos, nuestros abuelos, tuvieron que huir a latinoamérica en busca de dinero para sus familias. Tuvieron que dejar todo atrás por ellos, internándose en un mundo nuevo y desconocido. Y cuando volvieron, no eran los mismos. Otra realidad, diferente, del pasado, pero muy presente en la historia y en la literatura gallega que marcó una generación. Ahora, marca la nuestra.

No se que recepción habrá tenido este libro en el resto del país.
La historia principal de la novela, es prácticamente atemporal. Contada de una forma tan fresca y juvenil, de forma que cualquier joven estudiante, universitario o ya un adulto asentado puede disfrutar y sentirse muy identificado.
Por otro lado tenemos la historia que se queda en Galicia que es la que nos llega al corazón a los que somos de aquí.

Es extraño, si os soy sincera. Es una historia que te toca el corazón desde tantos puntos diferentes y que te sorprende tanto que no se bien por donde cogerla.
Comencé a leerla sin muchas expectativas y me encontré con un mundo nuevo, además de un representación tan fiel a la realidad que asustó. Todo mientras te ríes con los galleguismos que suelta esa encantadora, loca, cabezona y hormonada protagonista.

Sin duda, es una novela que se merece las tres plumas de cronistas, y como añadido personal, pido por favor que sea traducida al gallego. Me parece una historia brillante y que merece estar entre los imprescindibles de los institutos. Si aprendemos de nuestro pasado con Castelao o Cunqueiro, podemos aprender de nuestro futuro con Alba Lago.


Como siempre, os invito a darle una oportunidad como se merece cada libro, porque esto no es más que la opinión de una pequeña cronista a la que le han tocado su corazón de gallega. 


                                 

lunes, 4 de abril de 2016

Booktag: ¿Esto o esto?

¡Buenos días, cronistas!

Pues estaba yo el otro día revisando los blogs que sigo y me encuentro con que Lectora Náufraga ha hecho un book tag y dije ¿Por que no? Asi que hoy toca:

                                                         

1. ¿Audio libro o libro físico?
Físico. He intentado escuchar libros pero los lectores tenían la emoción de una piedra.

2. ¿Tapa dura o tapa blanda?
Indiferente. Por lo general opto por tapa blanda porque es más barato y es con ese formato como se suelen vender los libros de bolsillo. Si es libro es barato o de segunda mano, suelo ir a por los de tapa dura.

3. ¿Ficción o no-ficción?
Ficción. Todas mis experiencias con la no-ficción no han resultado tan estimulantes como el libro prometía.

4. ¿Fantasía o real?
Viene siendo un poco como la anterior pregunta. Es decir... ¿Quién quiere vivir en el mundo real?

5. ¿Harry Potter o Crepúsculo?
Pls. PLSSSSSS.
Crespúsculo cambio el concepto de best seller pero es que Harry Potter marcó a una generación entera. 

6. ¿Kindle o iPad?
No tengo iPad y tampoco me gusta el Kindle, aunque los precios abusivos de los libros físicos me han empujado a tener que pedírselo a mi pareja para que pudiera tener mi ración diaria de literatura.

7. ¿Libro prestado o comprado?
No me importa prestar o que me presten libros, pero me gusta tener los míos. No se. Es como si un día te despiertas y dices "¿Cómo era esta escena...?" así que siempre tengo la tranquilidad de que puedo revisarlo cuando quiero. Lo curioso, es que me pasa más de lo que imagináis, además de que cuando estoy sin inspiración o no tengo claro como hacer cierto tipo de escena, recurro a mis libros favoritos.

8. ¿Librerías u online?

Los precios online suelen ser más baratos, pero los uso (o lo miro) más cuando hay ofertas de sagas completas o cosas por el estilo. No para libros concretos. Para eso voy a mi librería favorita de mi ciudad. Es enorme y tiene miles de cientos de libros, comics, mangas...es perfecta.

9. ¿Sagas o libros auto-conclusivos?
La gran pregunta.
Tiendo a comenzar sagas cuando ya tengo todos los libros en mi poder. Me hago atracones de sagas en días o semanas y acabo tan muerta que no puedo leer en mucho tiempo. Es una obsesión, como cuando empiezo series. Y los auto-conclusivos están bien si el escritor termina bien. ¡No me preguntéis cosas tan difíciles!

10. ¿Largos o cortos?
No tengo preferencias.
Por lo general, los libros de alta fantasía o más pesados me los dejo para verano (tengo una lista increíble reservada para esa época) y mientras leo todo lo que cae en mis manos. Libros de unas 400 páginas a 700. Leo rápido y comienzo varios libros a la vez pero estoy comenzando con mis primeras lecturas en inglés y quiero dedicarles tiempo para coger soltura.

11. ¿Románticos o de ficción?
Un libro cuya única trama sea romántica, no. Acabaría sepultada en azúcar. Me gusta que haya romance, pero con algo más. La Selección, por ejemplo, fue una sorpresa para mi. Pensé que me iba a tragar un cuento de hadas interminable y resultó ser mucho más. 

12. ¿En la manta o tomando el sol?
Manta.
Es decir ¡Vivo en Galicia! No me acuerdo ni de que color es el cielo sin nubes.

13. ¿Chocolate o café?
Caaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaféeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.
Creo que el diseño del blog habla por si solo.

14. ¿Lees opiniones o decides por ti misma?
Leo algunas opiniones en Goodreads por saber y algunas otras por los blogs. En general les doy un vistazo rápido para no sentirme sugestionada y luego hago mi propio juicio de valor. Hay muchos libros que la gente adora y que yo no soporto. Esas típicas "opiniones impopulares". Hay un booktag de ello. Si queréis que lo haga, dejádmelo en los comentarios.


sábado, 2 de abril de 2016

Reto ELDE y colaboración

   ¡Hola, mis pequeños cronistas!

   Como cada sábado, es el momento del relato y en esta ocasión le toca al reto de ELDE nº 22: Escribe un relato que tenga lugar durante una tormenta. Pero este mes, es diferente porque la historia no estará en mi blog, si no en una revista.
   Así es. Desde principios del mes pasado soy colaboradora de la revista literaria digital Literariamente . Ahí os dejo el enlace del número de la revista de Abril para que le echéis un ojo y que por supuesto, os animéis a difundir este gran proyecto del que formamos parte 30 jóvenes que la literatura unió.