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sábado, 26 de diciembre de 2015

El Guardián de la Tierra (I)

   Los gritos resonaban por todo el bosque. Una noche más, la taberna daba acogida a un gran número de viajeros que habían decidido parar a cantar, divertirse y tal vez tomar una jarra de su mejor cerveza. Mejor que fueran dos.
   Las rústicas mesas hechas a base de barriles estaban repletas de platos sucios y vasos que pedían ser rellenados, pero también de ávidas conversaciones y buenas nuevas sobre el estado de los caminos en el reino. En un rincón, un grupo de hombres demasiado alegres y sonrojados por el alcohol intentaban entonar de mala manera una vieja canción picante, aunque la mitad de la letra se perdía entre gritos y balbuceos hacia la camarera. Un trovador hacía esfuerzos por hacerse notar entre la multitud y relatar su soneto sobre el viejo rey, pero su sonido no podía competir con el de una muchedumbre con ganas de festejar. Los grupos se amontonaban en las esquinas, las mesas y las escaleras y la noticia que más se repetía era el final de la guerra. Daba igual el tiempo que hubiera pasado desde aquello pues la gente no se cansaba de comentarlo y de imaginarse los buenos tiempos que vendrían. Era la calma después de la tormenta, aunque no para todos.

   En la esquina de la barra, donde el posadero se afanaba en servir a todos sus clientes y en gritarle a la camarera, una oscura y solitaria figura bebía sin ganas de su copa. No quería fiesta, no quería ni oír hablar de la guerra, la paz o de cualquier cosa relacionada con el reino. Solo quería beber, olvidar y escapar, aunque parecía que en aquellos tiempos era imposible tomarse una cerveza sin tener que escuchar sin querer. Vio como el posadero se le acercaba con una gran sonrisa falsa, seguramente iba a intentar ofrecerle algo de comer, pero a juzgar por el olor que salía de la cocina, no sería comestible. En el momento en que abrió la boca lo fulminó con la mirada. El hombre quedó petrificado al observar la ira asesina en sus ojos. Rojos como la sangre y pupilas rasgadas. No era humano.
   Sin pensárselo dos veces, se dio la vuelta y bajó a la bodega tropezando de mala manera con un tocón. El posadero, en sus largos años de oficio, se había enfrentado a hombres más fuertes y más temibles que ese viajero, pero nunca había visto tanta furia en una mirada. Fuera quien fuera, no era alguien a quien enfadar.
   El hombre suspiró al ver que se iba y relajó los hombros al sentirse solo de nuevo. Dio un largo trago de su jarra y observó de reojo como la fiesta continuaba sin él. Hace poco tiempo, habría disfrutado y reído con ellos, hubiera sido una parte más de los humanos, pero ahora las cosas eran distintas. Todos celebraban la paz y tenían sus ojos puestos en el futuro. Él solo podía mirar atrás, en todo lo que había perdido. En todo lo que no había podido salvar.

   La puerta de la taberna se abrió con el terrible chirrido de la madera y los goznes oxidados.
Un joven embutido en una capa marrón emergió de la oscuridad de la fría noche. Parecía tenso y agotado tras un largo viaje. Su respiración era algo entrecortada y su corto pelo negro estaba revuelto tras la carrera que lo había llevado hasta allí. Sus ojos verdes como las esmeraldas se movían de un lado para otro, buscando algo entre el gentío que se había reunido en el local. O tal vez, buscaba a alguien. Su mirada dio con la del misterioso cliente sentado en la esquina. Uno sonrío por su victoria, el otro solo suspiró hastiado de haber sido cazado.
   El joven caminó rápidamente hacia la barra, sentándose en el taburete contiguo al del hombre que terminaba su jarra de cerveza. Sabía que se acercaba una incómoda conversación, una de esas que nadie quiere tener pero que nunca se pueden evitar.

   – Te he estado buscando– dijo el viajero con reproche.
  – No me había dado cuenta – respondió con sarcasmo –. Yo he estado evitándote, aunque con pésimos resultados al parecer.
  – ¿Hasta cuando piensas seguir con esa actitud?

   El hombre suspiró y se apartó unos mechones de rebelde pelo castaño por detrás de sus puntiagudas orejas. El joven hizo una seña al tabernero para que les sirvieran dos jarras de cerveza y se volvió hacia su acompañante. Tenía un aspecto horrible. No era ni la sombra de lo que fue en sus mejores momentos. Las ojeras adornaban sus ojos, seguramente producto de noches sin dormir y de borracheras sin sentido. Lo que antaño había sido una camisa blanca, ahora era casi marrón de los lamparones que la adornaban. Tenía el pelo enmarañado y mal sujeto en su habitual coleta y la mirada vacía y sin alma.

   – Tenemos que hablar.
   – ¿De qué?– preguntó sin ganas antes de beber de su nueva copa.
   – De lo que nos encomendaron. Del reino.– dio un trago a su bebida –. Nadie sabe que pasará ahora. La gente no deja de hablar de paz, pero sin monarca, el pueblo no sabe que hacer. Se dice que hasta se han montado revoluciones en la capital, que están cortándole la cabeza a los nobles – dijo abrumado.
   – El reino llevaba demasiado tiempo en paz, un poco de rebelión nunca es malo. Al final la historia siempre se repite y los humanos volveréis a caer bajo las ordenes de un rey codicioso y egoísta – dijo el hombre dándole vueltas a la cerveza en su jarra –. No sé de que te sorprendes.
   – El mundo solo conoce la monarquía ¿es que no lo entiendes? Sin leyes ni líder, el pueblo se vuelve bárbaro. Es el caos y nada bueno puede salir de ahí si no se instaura pronto un nuevo régimen de cualquier tipo. ¿De verdad no te das cuenta de lo que sucede o es que tanta cerveza a terminado por derretirte del todos los sesos?
   – Creo que aun no, pero dame tiempo, lo conseguiré – esbozó una sonrisa rota.
  – Por todos los Dioses ¿No ves lo que estás haciendo con tu existencia?
  – Déjame en paz, Samus – bufó mirando hacia otro lado, exasperado.

   El chico al que llamó Samus intentó calmar sus nervios. Sabía que no debía alterarse pues eso no arreglaría las cosas. Paseó su mirada por el resto de la taberna. Todos seguían riendo, charlando y cantando como si nada pasara. A pesar de que el ruido era algo agobiante, no impedía tener una conversación decente. Parecía el lugar propicio para tratar el tema. Nadie se fijaría en dos extraños que hablaban de sus cosas sin molestar la fiesta de los demás.

   – Ya ha pasado un mes desde el fin de la guerra, creo que ya va siendo hora de superarlo – dijo sin dejar de ver a los clientes.
   – ¿Cómo tu? – preguntó con sorna antes de beber de nuevo.
   – Cada uno tiene sus formas de llevar las tragedias. Tú lo ahogas con bebida viejo amigo.
   – Y tú con tu ridícula música – dijo casi con desprecio –. ¿No tienes ningún concierto que dar? Seguro que los nuevos ricos estarán encantados de verte tocar. Podías estar allí en vez de perder el tiempo en buscarme para nada.
   – Cierto. Podría estar dando conciertos por todo Eon, pero he preferido buscarte durante un mes porque me importa cumplir la última voluntad de nuestro amigo – le atacó.

   El hombre guardó silencio durante un buen rato, inmerso en la vorágine de emociones que era su mente. Sabía que Samus tenía razón, pero la culpa, el orgullo, la furia; se arremolinaban a su alrededor impidiendo que pudiera pensar y utilizar el sentido común.

   – No pienso esconder esa maldita joya – dijo entre dientes –. Por mi la destruiría a golpes hasta que no quedara un mísero cristal de ella.

   Samus bajó la mirada hacia el tablado de madera de la barra donde su acompañante clavaba las uñas, más bien garras, hasta crear surcos en ella. Entendía a su amigo, sabía por lo que estaba pasando, él también sufría por lo mismo. La diferencia era la forma de pasar el dolor.

   – Si no lo haces tu, lo haré yo.
   – Pues diviértete buscando un sitio donde esconderla – se encogió de hombros y se terminó la copa.

   Tiró un par de monedas de cobre encima de la barra, se recolocó la capa azul sobre los hombros y le lanzó a su acompañante una bolsita de cuero de la cual salía un tenue brillo verde-azulado. Las manos de Samus se movieron con rapidez para atraparla antes de que se cayera y la observó con aire ausente. Tenía en su poder la fuerza más poderosa del mundo, la razón por la que un reino se había enfrentado entre sí. La causa por la que su mejor amigo estaba muerto.
   Alzó la mirada hacia su acompañante que ya se disponía a abandonar la taberna. Seguramente pasaría mucho tiempo hasta que lo volviera a ver; tal vez demasiado para un simple mortal como él. La idea de que eso pudiera llegar a pasar, de saber que su amigo pasaría el resto de la eternidad en esa actitud autodestructiva lo mataba por dentro. Él no era así. No podía dejarse llevar por la culpa, el dolor y la furia.

   – A Avalon no le gustaría verte así, Lucio.

   El hombre paró en seco al escuchar el nombre de su amigo. Puede que solo hubiera pasado un mes, pero era la primera vez en ese tiempo que escuchaba a alguien decirlo. Ninguno de los pueblerinos lo recordaban, nadie había dado valor a su sacrificio. Eso le enfurecía. Estaba enfadado con el destino, con la gente, con el mundo, con los Dioses, con Samus, con su amigo; y ante todo con el mismo. Se giró para ver a Samus por encima del hombro, mirándole con esos ojos rojos vacíos, inexpresivos, fríos.

   – Avalon está muerto.


   Y sin más atravesó la puerta, internándose en la oscuridad de la noche como una solitaria sombra más.  

jueves, 24 de diciembre de 2015

Teaser del Guardián de la Tierra

Avalon ha muerto.
Una nueva era se alza en el reino, donde la guerra y el dolor quedan atrás para dejar paso a la esperanza de un nuevo tiempo. Todos miran hacía el futuro con felicidad...o casi todos....
La pérdida de un amigo. La marcha de un héroe olvidado. La responsabilidad de una carga demasiado grande que nunca quiso. La visión de una vida eterna sumido en dolor 
¿Qué fue de Lucio tras la guerra?

Próximamente: El Guardián de la Tierra

El arte de caer y levantarse

   ¿Sabéis ese momento en que os paráis a pensar y decís “¿Qué mierda estoy haciendo con mi vida?”?
Ese instante en el que os ponéis a pensar en qué haces, por qué lo haces, para qué lo haces. Ese horrible segundo en el que os dais cuenta de que vuestra vida no tienen rumbo fijo y os sentís los más inútiles del mundo. Si, creo que todos os habéis hecho una idea de lo que quiero decir.

   Tienes un sueño, una meta que quieras alcanzar a toda costa, pero el mundo no deja de tirarte una y otra y otra y otras vez; sin importarle las grietas que crea en tu alma con cada vez que te caes al suelo derrotado. “El universo conspira para que cumplamos nuestros sueños” menuda mierda más grande. Así como os lo digo.
   El universo conspira para ponernos obstáculos y tocanos la moral a base de bien para que desistamos. Creo que algo tan inmenso tiene cosas mejores que hacer que preocuparse por nosotros. Nos observa desde su trono de oro, viendo, riéndose de como damos palos de ciego hacía nuestros objetivos, escojonándose de risa cada vez que nos derrumbamos porque sabe, o espera, que nunca llegaremos a nuestro objetivo. Y por encima, pasa de los que se esfuerzan, de los que han dado todo por su sueño, para darles lo que quieren a aquellos que no han hecho por conseguir lo. Es muy injusto. Y frustrante.

   Pero esto no es un texto depresivo, tampoco motivacional (no soy nadie para hacer algo así) es la verdad.
La suerte, el destino...o la mierda como queráis llamarlo, no existe. Eso solo lo puedes hacer tu. Trabajando toda tu vida sin esperar nada a cambio, porque tal vez, solo tal vez, la oportunidad llegué mientras estabas luchando por tu sueño. Tienes que estar en el momento correcto en tiempo exacto para que eso ocurra. Puede que no suceda nunca ¿pero te vas a rendir por ello?
   Yo, y sinceramente, me habría rendido hace ya tantos años.
Puertas que se cierran en tus narices sin decir lo siento. Comentarios sin el menor ápice de respeto por aquello que haces. Miradas condescendientes cuando tienes el valor de soltar al mundo aquello que más ansias. Es la vida de los soñadores, diréis. No, es la vida de aquellos que no escogieron el camino que se esperaba de ellos. ¿En mi caso? Profesora. Es increíble como la gente no se cansa de repetirlo, a pesar de que saben lo que quiero. ¿A alguno le ha pasado también? No lo digáis; se que es así.
   Creedme que lo dicen por miedo. Miedo a que fracases, que dediques toda tu vida a perseguir fuegos fatuos o que termines tan derrotado que seas incapaz de levantarte de lo quemado que estas. La verdad, esto último es lo que más me asusta a mi.

   Después de caer, de darme contra paredes una y otra vez, de decepciones y frustraciones; la simple idea de no volver a levantarme jamás me aterra. Todos tenemos un límite ¿Donde está el mio? ¿O el tuyo? ¿Cuántas decepciones podemos aguantar antes de decir basta? Eso, mis pequeños cronistas, viene dado por la voluntad de cada uno.

   Recuerdo que leí muchísimas entrevistas de escritores a los que admiro. Hablaban de sus métodos y de como conseguían las ideas. Muchos hablaban de cuando aun no podían vivir de sus libros y tenían que compaginar su pasión con aquello que les daba de comer. Llegar cansado, atender su casa y pasarse las noches en vela construyendo, tejiendo su sueño.
Cada vez que leía algo así, me preguntaba de donde sacaban la voluntad. Cómo era posible que aun tuviera capacidad mental para hilar dos palabras juntas y que les gustara, De dónde sacaban la fuerza para seguir dándose contra la pared. Tenían voluntad.

   Si escribo esto, es más para desahogarme que otra cosa.
Me he quedado sin voluntad, o está escondida muy abajo entre todo este cansancio y miedo. Tal vez me he cansado de darme contra una pared. Tal vez me he cansado de estar sola en este océano que es Internet sin una voz que me escuche. Tal vez haya perdido la confianza en aquello que consigo tejer con palabras.
   Siempre habrá gente que te quiera tirar o echar para atrás. Gente que se ría de aquello que haces (estudié Historia del Arte, se de lo que hablo). Personas que tengan la necesidad imperiosa de pasarte por encima para sentirse mejor y pisotearte con zapatillas de tacos mientras te adelantan. Pero las cosas se hacen paso a paso.
   Caminas, golpeas la pared, te caes, quédate un rato en el suelo si lo necesitas, pero nunca te quedes allí. Levántate, respira y vuelve a intentarlo. Así hasta que mires una luz. ¡Hey! No lo tienes que hacer solo. Siempre se encuentra alguien que te tienda una mano, te abrace y te empuje hacia delante. Porque si. Porque quiere verte feliz o porque piensa que no puedes quedarte en las sombras. ¡Quien sabe! La cuestión, es que tus pies los moverán la voluntad ¿De qué? Eso lo decides tu.
De darle a la gente en las narices, de ver cumplido tu sueño, de romper la pared… las razones son únicas, personales e intransferibles. Son el germen de los sueños, al fin y al cabo. Cada uno tiene el suyo y tiene en su mano la decisión de cuidarlo hasta que crezca o dejarlo morir.

           Yo no quiero que el mio muera. Me volveré a levantar. ¿Qué me dices de ti?

sábado, 19 de diciembre de 2015

El Guardián del Eon (III)

   Una atronadora explosión hizo vibrar las ruinas del castillo.
La columna luminosa, se convirtió en una gran onda expansiva que arrasó con todo a su paso. Cegadora, poderosa, aterradora y cálida. Se extendió por todo Eon y no hubo rincón en el reino al que no llegara, ni súbdito que no se dejara invadir por la tranquilizadora sensación que transmitía.
   Lucio fue arrastrado por la gran corriente de aire que generó la explosión e impactó con fuerza contra los escombros de la sala del trono. Magullado e incapaz de moverse, tuvo que conformarse con ver con terrorífica admiración, lo que era capaz de hacer su amigo. Ese poder estaba por encima de cualquier lógica. Estaba por encima del poder de un Dios.

   En medio de todo el caos que se había desatado en la sala, un alarido salido de ultratumba, se alzó sobre el ruido de la explosión, poniendo los pelos de punta a cualquiera que pudiera escucharlo.
   El rey Alastor, consumido por completo por la llama negra de su alma, se retorcía de puro dolor en el suelo, bramando y desgarrándose la voz a gritos como testimonio del infierno que estaba viviendo. Era como si le estuvieran aplicando un hierro candente, pero por todo el cuerpo. Intentaba arrastrarse por el suelo, en un vano intento de huir, mientras su cuerpo corrupto se desintegraba, poco a poco en el aire, incapaz de soportar la luz sanadora de Avalon.
   El castillo no tardó mucho en ceder ante la onda expansiva, quedando destruido casi en su totalidad. Los muebles de madera flotaban y se estrellaban contra las escasas paredes que quedaban, las columnas se convertían en arena sin el menor esfuerzo, obras de arte de incalculable valor ardían en llamas de color turquesa. El palacio del rey se había convertido en una explanada llena de escombros en cuestión de segundos.
   No muy lejos de allí, en el campo de batalla, los soldados que hasta hace unos minutos clamaban la muerte de sus enemigos, se hallaban paralizados observando la destrucción del castillo de su monarca.
   Muchos tiraron sus armas con gran estrépito, incapaces de encontrar las fuerzas para seguir luchando. Otros, se dejaron caer de rodillas con lágrimas en los ojos y oraciones sin sentido en los labios. Todos interpretaban aquel poder y aquella sensación que los invadía, como una señal de los Dioses para que la guerra cesara. Ellos no querían que obtuvieran su tesoro, y así sería.
Del mismo modo que los guerreros vieron en aquella explosión de luz la señal del fin de la lucha, el resto de los habitantes de Eon la contemplaron como una aurora boreal. El indicio de que, después de tantos años de dolor y sufrimiento, la guerra por fin había terminado y que la paz volvía al reino.
Nadie se preguntó ni por un segundo, de quien o de que procedía aquel poder. Los Dioses, decían. Pero nadie pensó jamás, que esas señales divinas no eran más que la muestra del sacrificio de un hombre.

   La luz tardó bastante en disiparse, como si quisiera asegurarse de que no quedaba rincón en el mundo que no viera la señal o que no sintiera su calidez. Cuando desapareció por completo, dejando solo paz y tranquilidad a su paso, las nubes del cielo habían desaparecido por la fuerza de la explosión, y en lugar de una terrible tormenta, solo quedaban brillantes estrellas en el cielo.

   De entre los escombros del destrozado castillo, Lucio emergió como una exhalación, aliviado por conseguir algo de aire. Estaba cubierto de polvo, sus ropas estaban hechas jirones y sentía el cuerpo entumecido por los numerosos golpes que había recibido. Aun así, estando algo desorientado y cegado por la luz tan intensa de la explosión, intentó buscar casi a la desesperada al temerario de su amigo. Poco a poco, la vista se le fue aclarando, y pudo ver con nitidez lo poco que había quedado del castillo, pues había sido reducido a una gran explanada empedrada con ruinas a su alrededor. Al fondo de lo que fue la sala del trono, pudo distinguir el destrozado trono del rey sobre el que flotaba una llama negra y oscura como el azabache. Era lo poco que quedaba del despiadado monarca.
Aunque toda la luz de la explosión se había disipado, aun quedaba un pequeño cuerpo brillante flotando a pocos centímetros del suelo de la sala.
   La esfera de color azulizo, estaba empezando a perder intensidad, y de ella emergió un debilitado Avalon al borde de perder la consciencia. Cuando sus pies tocaron tierra, las escasas fuerzas que le quedaban fallaron y terminó de rodillas, antes de dejarse caer por completo como un peso muerto.

   Lucio no tardó en correr a su encuentro, con la esperanza aún presente en sus ojos. Tal vez no fuera demasiado tarde para salvarlo, o eso quería creer. Pero la realidad era una muy distinta a lo que su mente pensaba.
   Al arrodillase a su lado con la intención de ayudarle, pudo ver con horror las consecuencias del heroico acto de su buen amigo.
Avalon estaba pálido y respiraba entrecortadamente. Le costaba mantener los ojos abiertos y su rostro se contraía de dolor, como si una corriente eléctrica le recorriera por dentro o como si le estuvieran arrancando un pedazo de su alma. Eso era exactamente lo que le había pasado. Había dado todo su poder, su Eon, la energía que mantiene vivo a todo ser, por detener a un rey loco.

   Lucio no sabía que hacer. Ni siquiera él, con todo el poder que poseía, podía curar o reemplazar algo tan importante como el Eon de una persona. Una vez que desaparece, solo quedaba...

   -Avalon ¿Por que?-preguntó con voz ahogada.

Su amigo esbozó una sonrisa rota por el dolor y extendió lentamente su mano hasta tocar su pecho.

   -Porque era lo que debía hacer-susurró.
 -Podríamos haber encontrado otra manera-negó con energía, incapaz de aceptar lo que estaba ocurriendo.

   Lucio cogió la mano de su amigo con fuerza y escondió los ojos tras su flequillo. No quería creer lo que pasaba, no quería pensar que el destino había ganado y que él no pudo hacer nada por evitarlo.

   -Fue por el bien del reino- Avalon alzó la mirada al cielo. Se alegraba de ver las estrellas de nuevo- Puede que ahora no lo entiendas, amigo mio, pero en el futuro comprenderás porque hice lo que hice.
   -¡No! ¡Nunca lo entenderé!-gritó con frustración, encarándolo con ojos llorosos- ¿Qué sentido tiene el futuro si no estás conmigo? ¿Qué sentido tiene la inmortalidad si no estás a mi lado para llenar el vacío que deja?

A pesar del dolor, Avalon consiguió sonreír con sinceridad.

   -Lo siento, Lucio. Supongo que he sido un poco egoísta y no pensé en todo lo que dejaría atrás. Pero ya no hay nada que podamos hacer-suspiró, antes de reprimir un quejido de dolor.
   -Si que podemos. Tenemos el poder de Helienne- dijo casi a la desesperada, pensando que había encontrado una solución-¿Dónde está, Avalon? ¿Dónde tienes la Joya de la Vida?

   El héroe comprendía lo que intentaba su fiel amigo, pero como toda respuesta, solo pudo cerrar lo ojos con semblante tranquilo y resignado. Lucio entendió el gesto y sintió como su alma y sus esperanzas se rompían en pedazos.

   -Conseguí arrebatársela a Alastor antes de que la usara para destruir Eon- abrió los ojos para observar la llama negra que comenzaba a desaparecer- Samus la custodia. Seguramente ya esté muy lejos de aquí.
   -¿Samus?-balbuceó Lucio-¿Por que se le has dado a él?
  -Porque yo ya no puedo protegerla, amigo mio. Ahora sois vosotros los que tenéis que custodiarla hasta que...

   Avalon se vio interrumpido por una nueva oleada de dolor. Cada vez era más intenso y su tiempo se estaba terminando. Lucio cogió a su amigo en brazos, como si le diera un último abrazo de despedida, mientras se aferraba con fuerza a la mano que tenía en su pecho, la cual comenzaba a desmaterializarse en pequeñas luces azuladas, como luciérnagas que ascienden al cielo.

  -Hasta que...-Avalon encontró fuerzas para continuar. Tenía que ponerle sobre aviso-hasta que regrese.
  -¿Regresar? Eso es imposible-dijo lanzando una mirada de soslayo al trono vacio.
  -No lo es. Él y yo, nos uniremos a la corriente de Eon que rige nuestro mundo- Avalon cerró los ojos, mientras ya gran parte de su cuerpo no era más que un ente etéreo- y volverá. No he podido disipar todo el odio que reinaba en su alma y cuando regrese, tu debes de proteger la Joya de la Vida a toda costa. Samus ya sabe que hacer, ayúdale, amigo mio-su voz no era más que una suplica atemorizada-protege este mundo por el que ambos lo hemos dado todo.

   Lucio no sabía que decir. Su mejor amigo se estaba despidiendo de él, su vida se le escurría entre las manos. En un momento así, era incapaz de negarle nada.
   Aunque la mano de Avalon no era más que un simple espejismo, se la apretó con seguridad, en un intento desesperado de anclarle a la vida y lo miró con determinación, mientras luchaba por contener las lágrimas.

   -Lo haré, Avalon. Protegeré aquello por lo que has dado la vida. Lo prometo.
   -Gracias...-susurró cerrando los ojos. Estaba listo- ¿Sabes? Ha sido una buena vida. He viajado por todo el mundo, he conocido el amor-una lágrima esquiva corrió por su mejilla-y he tenido buenos amigos-miró a Lucio por última vez-Nos volveremos a ver, viejo amigo. Tal vez no me reconozcas, pero créeme, volveré...

   La última palabra de Avalon hizo eco en el aire mientras las luces ascendían a la inmensidad de la noche. Lucio extendió las manos hacia ellas con gesto abatido, intentando cogerlas, aunque todas se escurrían entre sus dedos. Las lágrimas que tanto había luchado por retener, comenzaron a correr libres, dejando escapar todo el dolor de su alma destrozada. Allí se iba su mejor amigo, la única persona que le había entendido, su compañero de batallas, su hermano.
   Pero, por alguna razón, se sentía tranquilo. De una forma única e inexplicable, como solo Avalon podía hacer, empezó a creer firmemente en las últimas palabras del héroe. Una triste sonrisa se dibujó en su rostro mientras observaba como la última luz azulada desaparecía.


   -Nos volveremos a ver, Avalon.  

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El Ladrón de Corazones de Cortés del Monte

¡Hola, mis pequeños cronistas!


TÍTULO: El Ladrón de Corazones (El Camino de la Redención #1)

AUTOR: Cortés del Monte
EDITORIAL: Autopublicación en Amazon 
PÁGINAS: 272

Tras los horribles acontecimientos de hace veinticinco años, Valleflor vive ahora una nueva calma artificial y misteriosa, de la que nadie parece darse cuenta.
La entrada de una nueva familia y la llegada de un curioso chico de los bosques, será capaz de quebrar esa quietud y alterar al ser que gobierna el pueblo entre las sombras, desenterrando así oscuros secretos del pasado. Una epidemia, dolor, secretos y ante todo esperanzas, se verán entremezclados en una pequeña misión por descubrir quien acecha entre las calles de Valleflor.

   Cortés del Monte nos trae un relato íntimo, dulce, con una idea de trasfondo que atrae. De eso no hay duda.
Un chico de los bosques que es apadrinado por un viejo solitario que vive con el dolor de sus recuerdos de la epidemia. Un joven que no sabe de la vida y que debe aprender de la mano de una curiosa e inteligente niña. Un hombre que debe luchar para proteger aquello que acaba de descubrir y que por supuesto le importa. Y todo esto aderezado con unos pequeños toques de magia y fantasía.

   Reconozco que no suelo leer baja fantasía, y que teniendo en cuenta la trama que se nos presenta, hasta podría sobrar en esta novela. Eso fue un error por mi parte.
Si bien la magia, lo sobrenatural o lo extraño no es un punto relevante de la historia, si que es un perfecto complemento para que adorne la trama que se nos presenta. No daré spoilers, pero creedme, todo tiene su porque. Sin duda, averiguarlo fue una grata sorpresa porque da pie a un segundo libro.
Y es que lo importante de esta novela no es la fantasía, es la conexión intima que el autor quiere que sintamos entre Nod y las diversas relaciones de amistad que va formando con las únicas personas que aun pueden sentir algo en Valleflor. Ante esto debo de darle un gran crédito al autor, porque consigue que te encariñes, de corazón, con la familia de Ame o con el viejo Anthee. Ha creado un círculo social alrededor de Nod realmente entrañable con los que llegas a sentir empatia en algunos puntos de la historia.

   Ahora, si bien la idea principal, el punto clave que dio pie a esta historia me encanta, debo de decir que tiene fallos que la rompen un poco.

   Ya sabéis que digo que la forma de escribir de un autor es única. Es su marca, su característica, lo que hace que su novela sea suya. En esta caso, es exactamente la forma de escribir del autor la que no le beneficia en absoluto. Comete algunos fallos de “novato” por decirlo de alguna manera.
    Nos intenta satura de información y de nombres, todos sin mayor importancia y solo durante las primeras cinco páginas, lo que hace que no te enganche lo más mínimo. Los diálogos son muy banales y que repiten información innecesaria y reiteradas veces. Que diga varias veces que cierto personaje es muy curioso o despierto para su edad no hará que nos lo creamos, tiene que mostrarlo con sus acciones y forma de hablar. Tiene que ser algo que nos llegue a nosotros, no que nos lo digan. Así mismo, hay un exceso de información en partes cruciales de la acción.

   Hay diversas escenas de acción, en las que uno debería sentir la presión en el pecho y ganas de gritarle al personaje que huya, pero no llegan nunca. Uno se centra demasiado en la lectura de cada uno de los movimientos del protagonista, lo que no deja que nuestra cabeza vuele y que sintamos la presión del momento. Podría decirse que no es un estilo de escritura muy ágil. Por no hablar de las descripciones.
   Nos muestra un gran plano de Valleflor, de sus gentes, de como funcionan algunos sectores de trabajo...es demasiado en mi opinión. Hay muchas descripciones donde no debería haberlas y muy pocas donde si se necesitan. Esto hace la lectura difícil y que perdamos pronto el interés. Alarga demasiado la tensión, y aunque intercala capítulos a modo de interludios para que sepamos que pasa en la gran casa que domina el pueblo, no es hasta el 80% de lectura cuando pasa realmente algo. Y cuando ha sucedido, es tan rápido y precipitado que a penas te enteras de lo que ha pasado y ya has llegado al final de la novela.

   Esos fallos de narración y de estilo dañan la idea principal, que sin duda es muy original y de la que estoy dispuesta a saber más.Esto suele pasar: grandes ideas que se ven ocultas bajo la pluma del autor. Lo bueno, es que se puede mejorar si se quiere. Solo hay que ponerle ganas.
   Por eso, tengo que darle 1 pluma de cronista pues la buenas ideas siempre se ven recompensadas y como siempre, deciros que solo es la opinión de esta pequeña cronista y que vosotros mismo podréis formaros una si os animáis a darle una oportunidad.


                                                  

lunes, 14 de diciembre de 2015

Book Tag Navideño

Me he encontrado esto por Internet, y visto que se acercan las Navidades, me he animado a hacer lo que viene a ser mi primer Book Tag aprovechando la ocasión. Espero que os guste y que os animéis a comentar vuestras opiniones o lo que habríais puesto en cada apartado.

                                       




Esfera Roja: LIBRO ROMÁNTICO
Aceptamos pulpo como animal de compañía y me tendréis que permitir que meta La Selección de Kiera Cass en el libro romántico. Otra cosa no, pero corazoncitos y drama abundan entre sus páginas mientras vemos como la sociedad distópica en la que viven cae en pedacitos.





Esfera Verde: Libro Favorito del 2015
No me matéis, pero no fue hasta principios de este año que pude leer la maravillosa obra de Patrick Rothfuss: El Nombre del Viento. Simplemente maravillosa como su continuación y muy recomendable. Sin duda, se ha convertido en uno de mis indispensables.






Esfera dorada: LIBRO QUE TENGAS PENDIENTE
Tengo muchos libros pendientes, lo reconozco, pero hace poco fue mi cumpleaños y me regalaron El Sermón de Fuego de Francesca Haig Aun no tuve tiempo de leerlo, pero espero haberlo hecho para el año que viene.






Luces navideñas: LIBRO QUE REGALARÍAS
Pues regalaría El Lado Oscuro de Sally Green. Me sorprendió muy gratamente porque es más maduro, con más visiones que se podría esperar de un libro sobre magos y brujas. De verdad que me gustaría regalarlo para que otra persona se sorprendiera tanto como yo.





Estrella: UN LIBRO QUE NO PUEDES MORIR SIN HABER LEÍDO
Dioses, algún día...algún día leeré Peter Pan de James Matthew Barrie. Si, se de que va el Peter Pan original pero jamás he tenido el placer de leerlo. Tengo en mi wishlist de Amazon la versión del centenario pero es tan cara y…-llora por las esquinas- ojalá, algún día pueda leerlo.


sábado, 12 de diciembre de 2015

El Guardián del Eon (II)

   Lucio no era capaz de creer lo que sus ojos contemplaban. Aquella muestra de poder solo podía significar una cosa: su amigo estaba en problemas.
   Dirigió una rápida mirada llena de desprecio hacía los humanos que estaban colina abajo. Gracias a la distracción de la columna de luz, habían cesado en su combate, seguramente pensando que aquello sería una señal de los Dioses. Era mejor así, un problema menos del que preocuparse. Ahora, solo importaba Avalon.

   A una velocidad imposible para un humano, se lanzó a la carrera colina abajo con dirección al castillo. Las frías gotas de lluvia le azotaban la cara como pequeños cantos helados y el cabello empapado se le adhería al rostro, molestándole en los ojos. Más de una vez, estuvo a punto de caer por culpa del suelo embarrado que le impedía ir tan rápido como quería, pero él tenía su objetivo siempre presente y en el punto de mira.

   Cuando más se acercaba, más grande parecía la columna de luz, dando la impresión de que en cualquier momento se derrumbaría sobre aquel que osara acercarse. Pero Lucio no tenía miedo a la muerte, no tenía miedo al poder del Eon. Solo temía una cosa, y era la que estaba intentando impedir.
Con la rapidez de su carrera, pronto dejó atrás el valle y alcanzó el camino de piedra que llevaba al castillo. En los bordes de la calzada, descansaban las destrozadas caravanas de los comerciantes que se habían atrevido a acercarse a Eon en una época tan aciaga. No había rastro de los caballos que alguna vez tiraron de los carromatos, pero si que estaban sus dueños, muertos a los pies del camino. Gente inocente, que seguramente no supiera porque había empezado esa maldita guerra, y que habían pagado un precio demasiado grande por la estupidez del reino.
   Lucio, dolido y sin poder mirarlos ni un segundo más, apretó el paso, convirtiéndose en prácticamente una sombra por la velocidad a la que corría, deseando dejar toda esa escena de desolación atrás lo más rápido posible. No quería ver, no quería pensar, no quería que muriera más gente.
Dejó escapar un grito casi animal, desgarrador y nacido de la más pura impotencia. Ni el trueno pudo acallar su voz, y dentro de él, se avivó un instinto casi bestial. Un fuego que lo consumía y recorría cada fibra de su cuerpo. Era la ira de un hombre desesperado. Nada podría detenerlo ahora, nada. Y menos cuando estaba tan cerca del castillo. Solo le separaba de él, el puente de piedra que en algún momento había sido derruido durante la guerra. Al otro lado, pudo vislumbrar a un buen grupo de soldados, que aun no eran conscientes de lo que les iba a caer encima.
Lucio esbozó una cínica sonrisa, dejando ver uno de sus afilados y blancos colmillos. Como si aquello fuera a detenerlo.
   Sin bajar la velocidad, continuó su carrera hasta llegar al borde del puente, donde, con un gran impulso, saltó al otro lado con una facilidad antinatural. Ni se había detenido a pensar que tendría que salvar una distancia imposible, o que, si no lo conseguía, caería en la nada más absoluta donde le esperaba la muerte. Pensar en esas cosas mundanas solo limitan a la gente. Eso era lo que le diferenciaba de los humanos: el no pensaba que existiera algo imposible para él.
Cayó al otro lado con un sonido seco, haciendo que las piedras a sus pies cedieran un poco por su peso. Estaba empapado de arriba abajo y con la respiración entrecortada, pero por fin había alcanzado el palacio. Y ahora, al levantar la mirada, podía sentir con mayor nitidez el impresionante poder que emitía la columna de luz que lo había llevado hasta allí. Debía darse prisa, no quedaba mucho tiempo.

   Tan centrado estaba en su objetivo, que por un momento se había olvidado por completo de los soltados que le esperaban frente a la destrozada puerta de madera robusta. Todos lo miraban perplejos, como si fuera una aparición demoníaca, y sujetaban sus espadas y lanzas con pulso tembloroso.

   -Ha saltado el puente y sigue vivo-escuchó como musitaban algunos
   -Debe de ser un hombre lobo. Mirad sus orejas-susurraban otros con la voz quebrada del miedo-

   Lucio los miró de reojo, con gesto indiferente. Portaban escudos y armaduras con una estrella de ocho puntas de color azul turquesa pintada. El escudo del Rey Alastor.

   -¿Un hombre lobo, decís?-preguntó con voz jocosa mientras se retiraba de la cara, unos molestos mechones de pelo. Con la carrera, se le había soltado la pequeña coleta que solía llevar. Era molesto-No sabéis nada-concluyó con una fiera sonrisa que les mostró sus colmillos.

   La verdad, cualquiera que lo hubiera visto en ese momento, lo habría confundido realmente con un licántropo, de esos que salen en los cuentos para atemorizar a los niños. Con la espalda curvada en posición de ataque, todos los músculos de su cuerpo tenso, sus resoplidos casi animales, las uñas convertidas en garras, su pelo castaño adherido a la piel, enmarcándole sus afiladas facciones y el fuego de la ira resplandeciendo en sus azules y rasgadas pupilas. Un hombre lobo de las leyendas hecho realidad. Pero Lucio no era nada de eso: era algo muy superior.

   Los hombres, al ver que se preparaba para atacar, se colocaron en posición defensiva. Eran quince soldados contra un solo chico, no debería haber problema.
   Antes de que el líder de los caballeros pudiera soltar el grito de batalla, ya estaba en el suelo. Fue una reacción en cadena de cuerpos sangrantes, más rápido que un parpadeo. Una tétrica sombra que se movía entre ellos como la silenciosa guadaña de la muerte; el último suspiro de un hombre que no tenía que hacer contra una bestia.
   Lucio lanzó una mirada por encima de su hombro a los quince cuerpos que yacían en el suelo. Sus ojos estaban vacíos de cualquier emoción y sus garras manchadas de su sangre. Eran hombres de Alastor, que habían ayudado al rey a sabiendas del mal que estaba causando. La lealtad a un gobernante era importante, pero más lo era el sentido común. No se merecían más que lo que acababa de hacerles. Dejó escapar un suspiro cansado y retomo su carrera hacia el interior del castillo, sin demorarse ni un segundo más..
Por culpa de aquella columna de poder, gran parte del palacio había sido derruido. En los pasillos que otrora estuvieron rebosantes de lujos y esplendor, ahora se apilaban columnas y escombros, junto con los marcos rotos de los retratos de los antiguos reyes de Eon. Lucio tenía que saltar todos los obstáculos, lo cual le retrasaba sobremanera, y rezaba, para que el techo no decidiera sucumbir a la presión.
Lo que si notaba con cada paso que daba hacia el salón del trono, era que el aire estaba enrarecido. No por el colapso de la estructura, ni por el polvo que flotaba en el ambiente. Era algo más denso que se colaba dentro del cuerpo y lo sacudía con intensidad, pero todo al contrario que asustarle, lo guiaba hacía su objetivo.

   Pronto, se encontró con parte un trozo de madera inmenso, de roble macizo y con el símbolo del reino partido, seguramente por impactar contra la pared. Era la puerta que daba al salón del trono que tantas veces había visto. Con algo de dificultad, consiguió apartarla lo suficiente como para pasar y encontrarse con una escena que le perseguiría durante siglos.
   Frente a él, se abría un gran hueco en la pared, que antes fue la entrada. El techo del salón había sido completamente destruido y por el escapaba la gigantesca columna de luz que había seguido. Las nubes se arremolinaban en ella y ni la lluvia se atrevía a caer en esa zona. Los lujosos tapices, creaban una colorida alfombra en el suelo entre los escombros y la madera. Al fondo, pudo distinguir una llama negra emergiendo de un hombre arrodillado ante el trono. Parecía sufrir una terrible tortura, pero sus gritos eran acallados por los lejanos truenos y por el zumbido de toda aquella energía azulada que lo había destruido todo.
Lucio lo reconoció y le lanzó una mirada de puro odio. El rey Alastor en persona, o al menos, la sombra del gran monarca que había sido. Frente a él, dentro de aquella columna luminosa, un hombre se esforzaba por mantenerse en pie. Todo él parecía brillar con luz propia y emitía tal energía, que todo a su alrededor flotaba en el aire. Extendió sus brazos hacía el rey, listo para dar el golpe final contra aquella mala sombra.
Lucio, consternado por lo que estaba viendo, no atinó a moverse de lo asustado que estaba.
Sabía lo que intentaba hacer su amigo, pero aquello era demasiado. El destino no podía ganar.

   -¡Avalon! ¡No lo hagas!-gritó con todas sus fuerzas-

   El caballero lo miró por encima del hombro, con una tranquilidad y serenidad que lo dejó sin respiración.


   Avalon le sonrió, y luego, solo hubo luz.   

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El Guardián del Eon (I)

   Un trueno rasgó el cielo nocturno iluminado durante un segundo el campo de batalla.
La lluvia comenzó a caer con fuerza, repiqueteando contra las armas y las armaduras de los soldados. Podría ser que la Tierra intentara calmar la ira de los hombres y evitar la lucha. Tal vez solo quisiera que no volvieran a manchar sus campos con sangre inocente. Pero nada podría apaciguar su rabia salvo una cosa: la victoria.
   Era la guerra por el poder. Hombres buenos corrompidos por las oscuras promesas de un rey sin corazón. Él sería el culpable de todas esas muertes, pero el pueblo estaba demasiado cegado por el tesos para darse cuenta.
   La tensión se sentía en el ambiente. Gélida, oscura, expectante. Era la presencia de la Muerte, que aguarda pacientemente por el caos. Cualquier movimiento brusco podría romper la quietud del momento. La calma antes de la tormenta.
   Otro trueno resonó en el valle, junto con el ensordecedor grito de cientos de personas que se lanzaban al ataque.La guerra había comenzado.

   El choque de titanes hizo eco en la tormenta y los primeros lamentos de los caídos fueron apagados por las miles de espadas entrechocando entre si, que hacían retumbar el valle entre dolor, furia y desesperación. Una carnicería sanguinaria que marcaba el principio del fin, de un reino tan próspero como lo era Eon. Todo ese sufrimiento no valía la pena. Nunca lo vale.
   El cielo seguía llorando por la lucha entre hermanos, embarrando el terreno y provocando que cada vez fuera más difícil moverse con la agilidad que exige una batalla de ese calibre. Unos mataban sin piedad, espada en mano y juicio nublado. Otros intentaban huir en un momento de cordura, pero no lo conseguían, y en cuestión de minutos, se había formado un amplio montículo irregular de cuerpos yacentes, con miradas perdidas y mueca eternas de terror. Los arqueros ni se molestaban en apuntar. Daba igual el bando del soldado al que disparaban, no solo porque era imposible distinguirlos con ese temporal, si no que así habría más posibilidades de que ellos consiguieran el gran premio que les había sido prometido. Por el que todos estaban allí luchando: el poder de los Dioses.

   Ajeno a la batalla, observándola desde lo alto de la colina con el pesar y la impotencia que solo puede sentir un hombre que ve como su mundo se derrumba ante sus ojos, Lucio se debatía si debía intervenir o no.
   Cada soldado que caía bajo aquel holocausto, era una puñalada directa a lo más profundo de su alma. Él, que había luchado por el bien de ese reino, que había renunciado a todo lo que fue su vida por lo que Eon representaba, no podía hacer nada para detener esa masacre.

   Deja que el destino siga su curso, le habían dicho, pero aquello era superior a él. Era incapaz de quedarse allí quieto mientras el reino agonizaba y desaparecía por culpa de los engaños del rey. O actuaba ahora, o todo por lo que había luchado quedaría en el olvido.
Lucio dejó escapar un gruñido casi animal y cerró los ojos, incapaz de mirar un segundo más aquella barbarie. Apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, intentando resistir el impulso de saltar al campo de batalla y detenerlos a todos. Tenía el poder para hacerlo, le daba igual si el destino se alteraba por su intervención. Estuvo a punto de saltar y terminar con todo, pero algo que le detuvo.

   Sus puntiagudas orejas se movieron de inquietud al sentir una fuerte presencia, lejana, pero terriblemente poderosa y que conocía demasiado bien. Alerta, y con el cuerpo en total tensión, dirigió su mirada al lugar del que procedía aquel poder.
Aun con la tormenta en su punto álgido, no tuvo problema en distinguir la sombra de un palacio de altas torres y tétrica silueta al otro lado del valle. El imponente castillo del Rey Alastor emergía entre las colinas como una gran montaña que rozaba el cielo con cada una de sus torres, infundiendo tanto temor como lo hacía su monarca. En la antigüedad, había sido la envidia de los otros reinos y el símbolo del esplendor del que gozaba Eon. Hoy, no era más que un testigo monumental del sufrimiento del pueblo.

   Lucio entrecerró los ojos, y un halo de color azulado cruzó sus rasgadas pupilas. Era capaz de ver un gran poder concentrado en el castillo. Sabía a quien pertenecía y no le gustaba nada lo que estaba viendo, pues, junto a esa primera presencia podía entrever una más oscura, escalofriante y tan negra como una noche sin Luna. Ambas parecían enzarzadas en una lucha muy igualada que seguramente, no acabaría bien. Pero Lucio tenía otras cosas de la que ocuparse, su amigo estaría bien. O eso quería pensar.
   Volvió la vista a los hombres que luchaban colina abajo y que daban las primeras muestras de cansancio. Era el momento perfecto para actuar y detener todo aquello antes de que fuera demasiado tarde y así enfrentarse al destino del que tantas veces le habían dicho que era imposible escapar.
Lucio tenía muchas virtudes que había ido perfeccionando a lo largo de los todos los siglos que llevaba a la espalda. La terquedad no era una de ellas. Pero a partir de aquel momento, en aquel mínimo paso de terquedad que dio para evitar el destino, aprendió la lección de que nunca se puede jugar con lo que ya está escrito.
   
   Fue cuestión de un segundo. Un segundo que cambió todo.
Un fuerte terremoto hizo temblar la tierra a sus pies, deteniendo la batalla momentáneamente.
Los soldados se olvidaron de sus enemigos y miraban a todas partes con ojos horrorizados y una oración en los labios, sin entender que estaba ocurriendo, temerosos de que en cualquier momento pudiera aparecer un monstruo enviado por los Dioses para detener su insensatez. Pero no apareció ninguna serpiente de los infiernos, ni cayó fuego del cielo. Fue algo mucho peor.

   El temblor se hizo más fuerte, ahogando los persistentes truenos de la tormenta, y en todo el valle resonó el escalofriante crujido de la roca al resquebrajarse. Una honda expansiva azotó todo el campo de batalla, derribando a muchos de los hombres que allí se encontraban, seguida de un potente estallido de luz que se extendió por medio reino.

   Lucio, aun algo aturdido por la tremenda sacudida que había sufrido, dirigió su mirada al castillo al sentir una peligrosa presencia, más que la anterior y demasiado grande para ser real.
En ese momento, el techo del palacio fue destrozado, cuando de su interior emergió una inmensa columna de luz azulada, alzándose con todo su poder hasta el cielo, rasgando las nubes a su paso. Era una fuerza inconmensurable, que desprendía una sensación de paz que era capaz de llegar al alma. Intimidante y esperanzadora, atemorizante pero tranquilizadora. Una energía que solo podía pertenecerle a una persona, capaz de controlarla en su totalidad y usarla solo para el bien, a pesar de lo sobrecogedora que era.

   -Avalon...-musitó-

El Sr. Penumbra y su librería 24 horas de Robin Sloan

¡Hola, jóvenes cronistas!

  Desde que comenzó la era tecnológica, el debate entre el libro papel y el digital se ha cobrado muchas víctimas. Ha roto relaciones, amistades y familias. Un debate que solo podrá tener un vencedor...O tal vez ya se haya zanjado.
   Robin Sloan ha conseguido lo imposible: unir la tecnología y los libros.
En un alarde de genialidad, el autor unió sus dos pasiones y consiguió una novela que sí, es para verdaderos amantes de los libros, pero también para informáticos y locos de la red.

TÍTULO: El Sr. Penumbra y su librería 24 horas abierta.
AUTOR: Robin Sloan
EDITORIAL: Roca
PÁGINAS: 288

Una novela en primera persona desde el punto de vista de Clay Jannon; un diseñador que se ha quedado a las puertas del éxito tras una bofetada de las crisis económica. Aburrido y sin nada mejor que hacer con su vida que pasarse horas buscando ofertas de trabajo en Internet. Durante un paseo por San Francisco, intentando buscar un camino que seguir, se topa con una peculiar librería junto a un club de stripers. Su dueño, el Sr. Penumbra, es un anciano que pasa las horas tras el polvoriento mostrador dando sus servicios a una clientela tan variopinta como la propia librería. Clay necesita trabajo, y Penumbra lo nombra el dependiente de turno de noche, porque claro, es la libería de todo bibliófilo: está abierta 24 horas. Clay se verá en medio de un misterio que ni el mismo Google podría resolver, donde la tradición literaria y las más altas tecnologías, se unen para dar con la solución del misterio que se esconde entre las páginas de los libros.

   Sinceramente, es un libro que da gusto leer.
El eterno debate entre e-book y libro de papel, queda apartado de la mano de Clay, un joven emprendedor, sin duda, pero que no deja de ser un poco ingenuo y curioso. Representa un cliché de informático que solo se mueve por sus ansias de saber y por un sentido de la justicia que el piensa que es correcto. Un forzado James Bond.
   Así mismo, este libro hará las delicias de todo amante de la literatura y de la informática.
El gigante de la red, Google, abre sus entrañas de Sillicon Valley como un Dios que te permite entrar en su templo. La tecnología más surrealista, sacada casi de un libro de ciencia ficción, se nos explica y se nos muestra a los más paganos en líneas de código.

   Seguramente, dependiendo de que bando seas (Tecnología o papel) verás el libro de una forma o de otra. Los muggles en informática nos maravillaremos con lo que puede dar de si un viejo Mac del 92, y los magos de la red verán que hasta lo más analógico puede dar sorpresas. Ambos puntos convergen en Clay, que nos llevará a ambos a un apoteósico, lo sería si fuera un superhéroe, pero si que inesperado final.
   Y es que otra característica única de este libro, es que no hay punto álgido. Tampoco es plana.
Es un misterio, tras otro y tras otro, donde nada es lo que parece ser y hasta lo más mínimo te sorprenderá. Y cuando pienses que ya está todo perdido, que el misterio se quedará en otro enigma del mundo sin resolver, Robin Sloan te da con la verdad en las narices ¿lo peor? ¡Que estaba todo el tiempo frente a tus ojos!

   Debo decir, que este libro fue una recomendación. No sabía ni que este hombre existía, e investigándolo un poco, creo que entiendo un poco el punto de vista del autor. Un ex-trabajador de Twitter (nada menos) que decidió dar su punto de vista entre dos mundos que le apasionaban. Y lo ha conseguido. Además, ha incluido un pequeño complemento que es muy real a día de hoy: el libre software. La existencia de webs pirata y de pioneros, creadores, de programas gratuitos que pululan por la red. Un debate dentro de un debate, pero en el bando de los informáticos.

   Muchos, si lo leéis, podéis pensar que la lucha no está terminada, y el también lo sabe, creedme. Por mi parte, seguiré prefiriendo el papel y al mismo tiempo, estaré abierta a nuevas posibilidades que la tecnología me pueda ofrecer, así como a nuevos libros que Robin Sloan pueda crear.

   En esta ocasión, se lleva 2 plumas de cronista. No es una aventura épica, no es una gran tragedia, es un libro sobre la sociedad actual y sobre lo sutiles y continuos cambios de esta.
Perdeos entre las estanterías del catálogo remoto del Sr. Penumbra y buscad el misterio que en ellas se esconde.
      

                                                  


viernes, 4 de diciembre de 2015

Fulgor de Manel Loureiro

   Debo reconocer que he pospuesto bastante la crítica de esta novela, pero ya ha pasado mucho tiempo desde su publicación, así que creo que es el momento. ¡Empecemos!
TÍTULO: Fulgor
AUTOR: Manel Loureiro
EDITORIAL: Planeta
PÁGINAS: 416

Casandra es una joven psiquiatra que lleva una vida “feliz” junto con su marido Daniel, con el que lleva una fría relación; y su hijo Martín, de cinco años.
Un día como otro cualquiera, Casandra sufre un horrible accidente de coche que la deja en coma. Con todo en su contra y tras tres meses en el limbo, despierta como si de un milagro se tratara, pero con el único inconveniente de que ahora puede ver las auras de la gente. Unas luces, llamas parpadeantes de diversos colores que bailan ante sus ojos. Pero además, hay unas personas que la rondan. Individuos sin aura que dejan marcas extrañas cerca de sus víctimas, las cuales mueren por causas inexplicables. En una sucesión constante de crímenes y mentiras, Casandra se verá acorralada entre la policía y los Oscuros mientras una sola idea cruza su mente: proteger a su familia.¿Hasta donde llegarías por salvar a los tuyos?

   No es la primera que una novela de este autor cae entre estas páginas.
Su último libro, El ÚltimoPasajero. había decepcionado a muchos de los fans que había conseguido con la anterior trilogía de Apocalipsis Z. Esta joven cronista no desistió, y a pesar de que la anterior no me gustara mucho, decidí darle otra oportunidad.

   El fallo de su anterior novela había sido el abuso de la información y de unos personajes excesivamente explicados para las pocas páginas que duraban con vida, además del uso reiterado de la violencia y la sangre para intentar crear la sensación de tensión y miedo.
En esta ocasión, hay fallos que se han corregido, pero otros nuevos han aparecido que han hecho de esta novela un tira y afloja entre la esperanza y el sopor.
   Se me ha hecho bastante aburrida. La forma de narrar es lenta. Muy lenta. Ya desde las primeras páginas incide. demasiado en mi opinión, en el hecho de que Casandra va a tener el accidente. Lo pone en la contraportada, todos sabemos que va a pasar y que será el detonante de la trama. Además, y antes de eso, nos relata la huida de dos desconocidas como método de introducción de los Oscuros. Debo decir, que en el Último Pasajero había creado la ambientación perfecta de tensión y miedo desde el comienzo (no lo podía leer de noche, lo reconozco), mientras que en Fulgor intenta, porque se queda en intento, que sigamos la fatídica carrera de las pobres chicas asustadas por el bosque, que culmina con más sangre y escenas descriptivas de dolor y desgarramiento.

   Puede ser cosa mía, o ser solo una opinión personal, pero lo paso mal si dejan que mi imaginación vuele cuando van a matar a alguien. Con unas frases sutiles que con un par de palabras lo digan todo se pasa bastante peor. Si te relatan con pelos y señales como acuchillan a alguien, te centras más en la lectura y no en que tu cabeza pueda pensar en los horrores del momento. Tal vez sea cosa mía que soy rara, pero también aprensiva para ese tipo de escenas. Si me da asco en vez de crearme un escalofrío, es que no es terror.

   Otro punto importante y que en mi opinión la ha hecho muy aburrida, es que es predecible.
Es el esquema de Introducción-Nudo-Desenlace tal cual. Sin tramas secundarias, sin desviarse nunca del tema principal de Casandra contra los Oscuros. Sin conflicto, sin drama ¿¡Dónde está el drama!? …-tose- perdón. Me habéis entendido.
Es una novela de libro. No otorga nada nuevo a su género y parece que va siguiendo un camino recto del que tiene miedo de desviarse. No hay nada parecido a una montaña rusa que te obligue a no separarte de sus páginas, ni curvas que hagan de tu emoción el juguete del autor. Es plana, recta, llana, donde el punto álgido de la historia es lo equivalente a un resalto de la ciudad pontevedresa del autor.
   Porque si, el punto álgido esta tan bien enmarcado en la narración que parece que le hayan puesto luces de neón a su alrededor. Es en un página al final de un capítulo y claro, una piensa “bien, he llegado hasta aquí. Ahora ella se derrumbará, pasará un tiempo hasta que vea todo con una nueva perspectiva y empezará lo bueno” … Pues no.
   El culmen de la historia dura lo que tardas en pasar esa página, llegar al siguiente capítulo y ver como la protagonista ha cambiado su punto de vista en lo que tarda un parpadeo. Puedo volver a estar loca, pero creo que no soy a la única que le gusta ver como un personaje sufre antes de echar a volar.

   Aunque no todo es malo. No penséis que os voy a destripar la novela página a página.
En contraposición con su antigua protagonista, Kate Kilroy, Casandra es como un soplo de aire fresco. Sigue siendo ingenua y se deja llevar un poco demasiado por un camino que ni ella misma entiende. Pero tiene carácter. Casandra es una mujer que cuando ha visto que los suyos corrían peligro no se quedó pensando en que podría hacer su maravilloso marido muerto. Actúa, mal o bien da igual, hace algo por defender lo que le importa y que creo que defiende perfectamente la idea base de esta novela: hacer cualquier cosa por salvar a tu familia.
   
   Esta idea surgió de un estudio de la época franquista cuando se buscaba el “gen rojo”, un supuesto gen alojado en la mujeres revolucionarias y que se manifestaba cuando desaparecían los frenos que contienen socialmente a la mujer y así estas se mostraban crueles agresivas. Este estudio, de Vallejo Nágera, propició el robo de bebes de sus madres rojas para su reeducación.
El tema de la mujer que hace lo imposible por aquello que le importa, es lo que dio luz a Casandra y a Fulgor. Además, esto se une al mismo tema que trató en su anterior novela (la luz/amor contra la oscuridad) sigue presente en Fulgor, aunque esta vez está mejor tratado y con un poco más de lógica. Solo un poco.

   Sin duda es una obra que tiene el toque de Manel Loureiro con comparaciones que sacan al lector de lugar y su capacidad de coger temas que se sabe que funcionan y revisionarlos. No puedo meterme en estos derroteros pues la forma de escribir de cada autor es única, a unos puede gustarle y a otros no. Es suya y su característica. Lo que si puedo decir, es que el llamado “Stephen King español” ha sacado del rey del terror más que un apodo. La idea de las auras, probablemente está sacado de Insonmia, aunque hay que decir que esta característica de Fulgor solo es un acompañamiento de la idea central del bien contra el mal y del “gen rojo”

   No puedo recomendar esta novela a nivel personal, porque creo que he dejado bien plasmado lo que pienso al respecto, además de que le doy 1 pluma de cronista. Así mismo, esto solo es la opinión de una persona, y os animo a que como siempre, os forméis la vuestra y sopeséis si vale la pena adentrados en un libro más.